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martes, 5 de diciembre de 2017

Cómo y para qué promovió la CIA la escalada de ovnis en EE.UU.




Cómo y para qué promovió la CIA la escalada de ovnis en EE.UU. / Sputnik Mundo



La ola de avistamientos de ovnis que azotó EEUU en la segunda mitad del siglo XX habría sido orquestada por la CIA en un esfuerzo centrado en ocultar los ensayos de nuevas tecnologías del Pentágono durante la Guerra Fría.

El escritor, investigador y documentalista británico Mark Pilkington compartió con Sputnik esta teoría.

El 8 de julio de 1947, uno de los periódicos de Nuevo México publicó un texto bajo el siguiente titular: "La Fuerza Aérea captura un platillo volante en un rancho de la región de Roswell". Al día siguiente, un general de brigada de la base militar de Fort Worth (Texas) desmentía que se tratase de un platillo volador, avisando de que los que estaban dispersos por Nuevo México pertenecían a un globo meteorológico. A pesar de eso, las autoridades no permitieron el acceso de la prensa a la zona de la catástrofe, aumentando el aura de secretismo que rodeó al incidente.


El suceso pasó a la historia como el caso Roswell o el incidente ovni de Roswell. Hoy día es considerado como el nacimiento de la ufología moderna y abrió el camino a toda una ola de debates, teorías y especulaciones sobre las visitas de extraterrestres a la Tierra.




Medio siglo después, informes de la Fuerza Aérea de EEUU afirmaban que lo estrellado en Roswell eran los restos de un vuelo de prueba del llamado 'Proyecto Mogul'. Se trata de un plan de alto secreto estadounidense que comenzó el mismo año del incidente y pretendía utilizar globos capaces de alcanzar grandes alturas para recabar información sobre las pruebas atómicas de la Unión Soviética, escuchando el sonido de las explosiones.



"La mitología ovni fue una tapadera más conveniente"




La gran repercusión que tuvo el caso del supuesto siniestro ovni sirvió de modelo para la inteligencia estadounidense en sus futuras operaciones de enmascaramiento de pruebas secretas.

"A principios de la década de los 50, el Ejército estadounidense estaba probando una gran cantidad de nuevas tecnologías y era conveniente disfrazarlas como ovnis. Fue un engaño doble", explica Mark Pilkington.


Una de esas tecnologías que necesitaba ser 'disfrazada' de ovni era el avión espía Lockheed U-2. En abril de 1960, una de estas naves fue derribada mientras sobrevolaba a gran altura el territorio de la URSS. Gary Powers, piloto al servicio de la CIA, fue capturado, juzgado y finalmente intercambiado por agentes de la inteligencia soviética en Berlín. Pero en toda la década de 1950, nadie se percató de las pruebas del U-2.


Según Pilkington, la estrategia original de la Fuerza Aérea estadounidense era decirle a los testigos que lo que habían visto era algo así como el reflejo del planeta Venus, pero luego se dieron cuenta que las personas eran más perceptibles al mito de los ovnis. El investigador afirma que el programa incluía a ejecutivos clave de Hollywood o de los medios de comunicación, como el magnate y productor de cine Darryl Zanuck o el CEO de Time Life, Henry Luce. Ambos habrían sido miembros de la Junta de Estrategia Psicológica, un comité creado en 1951 por iniciativa del entonces presidente de EEUU, Harry Truman, con el propósito de coordinar y planificar las operaciones de guerra psicológica en los primeros años de la Guerra Fría.



Falsos ovnis al servicio de la URSS



El tema de los avistamientos de ovnis en EEUU está estrechamente relacionado con la Guerra Fría, afirma el investigador. Las autoridades estadounidenses sentían tanto temor por la infiltración soviética en la industria de la aviación que rodearon sus pruebas militares en un círculo de falsos informes sobre objetos voladores no identificados.

En la década de los 80, se utilizó un subterfugio similar para ocultar el desarrollo del bombardero furtivo B-2 Spirit.

No obstante, este programa de enmascaramiento fue perdiendo fuerza paulatinamente en las décadas de los 70 y 80. Para aquel entonces, las autoridades estadounidenses se percataron de que la histeria colectiva sobre los ovnis había escapado a su control. Un informe desclasificado en 1997 evidencia los nuevos temores en el seno de la CIA: los soviéticos podrían estar utilizando el temor de los estadounidenses ante los extraterrestres para hacer cundir el pánico en el país. También se temía que, en un momento adecuado, la URSS pudiera utilizar los avistamientos de ovnis para sobrecargar el sistema de alerta aérea de EEUU y así hacer que no pudiese distinguir las amenazas reales.



Publicado por: David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

El apoliticismo: una forma de hacer política

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El apoliticismo: una forma de hacer política

Consideraciones sobre el «cubano apolítico», del Dr. en Ciencias Filosóficas Pablo Guadarrama González, Profesor de Mérito de la Universidad Central «Marta Abreu» de Las Villas.

Desde que irrumpieron las ideologías políticas, especialmente las que conformarían la modernidad, se fueron decantando diversas corrientes con posturas muy divergentes entre sí, y por supuesto con fundamentos filosóficos muy heterogéneos, sobre la forma y las vías de cómo debía organizarse la vida social.
La mayoría de ellas definieron con claridad sus ideas respecto a la cuestión del poder político, como instrumento para perpetuar algunas élites o clases dominantes, o para dar paso al predominio de otros sectores sociales.
No hay que olvidar que por ideología se pueden considerar un conjunto de ideas que se constituyen en creencias, valoraciones y opiniones comúnmente  aceptadas, las cuales, articuladas integralmente, pretenden fundamentar las concepciones teóricas de algún  sujeto social (clase, grupo, etnia, partido, Estado, Iglesia, etc.), con el objetivo de validar algún proyecto bien de permanencia, reforma o subversión de un orden socioeconómico y político, lo cual siempre presupone de algún modo una determinada actitud ética ante la relación hombre-hombre y hombre-naturaleza.
Para  lograr  ese objetivo, las ideologías pueden o no apoyarse en pilares científicos o filosóficos, en tanto estos contribuyan a los fines perseguidos; de lo contrario pueden ser desatendidos  e incluso ocultados conscientemente.
El componente ideológico en las reflexiones filosóficas  por sí mismo no es dado a estimular concepciones científicas, pero no excluye la posibilidad de la confluencia con ellas, en tanto estas propicien la validación de sus propuestas.
La diferencia fundamental entre las ideologías y las filosofías radica en que estas últimas apoyan sus argumentos en el poder de la razón, en tanto las primeras pretenden fundamentar sus razones en el poder, ya sea político, económico, militar, mediático, etc.
Las principales ideologías que se conformarían en la modernidad fueron: el conservadurismo −que pretendía perpetuar la sociedad feudal con las monarquías, y en el caso de Latinoamérica el poder colonial−; el liberalismo, que se planteaba reformar la sociedad hacia transformaciones capitalistas y republicanas; el socialismo, que aspiraría a cambiar radicalmente la organización política y social capitalista −completando así las propuestas democráticas al no reducirlas a derechos jurídicos y políticos, sino al logro de justicia social−, y el anarquismo, que en parte coincidía con esta última, pero se diferenciaba sustancialmente de ella por su presunto apoliticismo, así como por sus métodos terroristas y magnicidas.
En verdad el anarquismo no es apolítico, sencillamente porque nadie puede serlo, pues una forma de hacer política es pretender ser indiferente ante los acontecimientos sociales, sus necesidades y transformaciones. De manera que pretender ser indiferente ante la política es una forma hipócrita de hacer política.
José Martí se enfrentó al presunto apoliticismo de los anarquistas que no querían pronunciarse ante la lucha por la independencia. Afortunadamente el sentido común se impuso y estos se unieron a esa honrosa labor, de la misma forma que lo hicieron los anarquistas españoles aliándose a demócratas y comunistas para tratar de salvar la República durante la Guerra Civil.
Otras ideologías se conformaron en el siglo xx como el fascismo, que ha tratado de revertir las conquistas democráticas con prácticas políticas totalitarias, mesiánicas y racistas, o el neoliberalismo, que aparentemente pretende presentarse como una continuidad del liberalismo, pero en realidad ha logrado revertir muchas de las conquistas democráticas de este último.

Apoliticismo, conformismo, abstencionismo

La mayoría de las ideologías políticas han promovido la participación política, pero en los últimos tiempos, cuando el neoliberalismo ha triunfado, más ideológicamente que en cuanto a logros sociales para la mayoría de la población, algunos de sus “tanques pensantes”  han estimulado el apoliticismo como medio para inculcar la indiferencia y la resignación entre algunos sectores populares, especialmente los jóvenes, a través de la consigna de que nada se puede hacer para lograr sociedades más justas y más amigables con el medio ambiente.
El conformismo es uno de los componentes aliados del apoliticismo. Ambos pretenden opacar el protagonismo de aquellos que se pueden convertir en potenciales peligros para la añorada, pero no lograda, estabilidad de la sociedad capitalista.
El incremento del abstencionismo observado en la mayoría de los procesos electorales de numerosos países puede tener diferentes lecturas. Una de ellas puede ser entenderlo como síntoma de impotencia de un considerable porcentaje de la población que se siente frustrada al no apreciar cambios favorables en sus condiciones de vida una vez instalados nuevos gobiernos que mantienen políticas neoliberales.
Otra es expresión del acomodamiento de una indecisa clase media que es fácilmente manipulada por los medios de comunicación, ya que le interesa más la renovación de su automóvil o de los electrodomésticos, que lo que pueda transformarse de la puerta de su casa hacia afuera. No faltan los que piensan que su voto no será decisivo para cualquier tipo de cambio a través de la elección, pues ya todo está arreglado de forma inamovible en la «democracia representativa» aunque cambien los nombres de los gobernantes, y en algunos casos ni siquiera eso, pero no cambian las políticas socioeconómicas en los gobiernos que se alternan y suceden.

Apoliticismo en el Socialismo

En el caso de países socialistas la intención que subyace en el apoliticismo tiene otras lecturas, como puede extraerse de las experiencias de su derrumbe en la Unión Soviética y los países de Europa Oriental.
Esta situación es algo distinta, pues no esconde la pretensión de sembrar entre determinados grupos de la población, fundamentalmente jóvenes, la indiferencia ante las conquistas sociales alcanzadas. Dado que estos no han conocido el capitalismo, por lo general consideran que disfrutar de la salud, la educación, el deporte, la cultura, etc., de forma gratuita, es algo natural y no constituye nada extraordinario, por lo que añoran, sin renunciar a ellas, el disfrute de las extraordinarias “ofertas” de la sociedad de consumo.
Algunos presuntos “apolíticos” se abstienen de ejercer el voto en procesos electorales o votan en blanco, y creen que con esta actitud expresan su valentía política, lo cual confirma que esto es un acto político. Otros aducen que la única democracia es la multipartidista, e ignoran así que en la historia de la humanidad han existido y existirán múltiples formas de democracia y no solo la representativa.
Al hiperbolizarla, algunos gobernantes creen poseer el “democratómetro” perfecto para medir su existencia en otros países y por lo que les envían observadores para fiscalizar sus procesos electorales, pero no permiten que a su vez observadores de otros países los visiten.
Siempre recuerdo cuando le pregunté a mi madre por qué militando en el Partido Liberal había apoyado al Movimiento 26 de Julio –por ello cayó presa, fue amenazada de ser envenenada y tuve que llevarle la comida hecha en casa cada día a la estación de policía de Santa Clara–, me respondió que porque no había nada más parecido a un liberal que un conservador y un conservador a un liberal. Ambos eran la misma basura y por eso tomó esa decisión. En Colombia dicen que la diferencia entre un conservador y un liberal es que unos van a misa en la mañana y otros en la tarde.
Nunca olvidaré el agobiado rostro, por las torturas y vejaciones recibidas, de Mercedes Vázquez, su compañera de celda, ni los gemidos de los torturados, que aún algunos vecinos del parque del Carmen recuerdan. Los instrumentos de tortura fueron exhibidos el primer día del triunfo de la Revolución. Es bueno recordarles esto a los amnésicos apolíticos o a los que no conocen que esto sucedió donde hoy sonríen estudiantes de la escuela secundaria básica Capitán Roberto Rodríguez (El Vaquerito).
De manera que el presunto apoliticismo −que debe reiterarse no es tal, sino en realidad otra forma sutil de hacer política contestataria− en el caso de Cuba debe ser considerado en aquellos que lo practican una expresión de inconformidad con el sistema social elegido, mantenido y defendido por la mayoría de su pueblo. De otro modo no se explica que el derrumbe del muro de Berlín y del “socialismo real”, o tal vez “real de socialismo”, no haya llegado a alcanzar en su onda expansiva a la isla del Caribe.
El apoliticismo, que tal vez para algunos ingenuos pueda ser considerado como otra manifestación de la pregonada “muerte de las ideologías”, en realidad es todo lo contrario: una evidencia de que la lucha ideológica revitaliza algunas viejas formas y formula otras nuevas.
Al igual que en el anarquismo subyacían posturas individualistas, voluntaristas y nihilistas, al negar muchos valores de la sociedad moderna −que incluso Marx y Engels, no obstante sus críticas a la misma, reconocieron, como puede apreciarse en el Manifiesto Comunista−, el apoliticismo contemporáneo está permeado por fundamentos filosóficos, conscientes o inconscientes, de corte pragmatista, utilitarista y existencialista, en los que el éxito individual se sobrepone a todo compromiso social.

Apoliticismo en Cuba

No es la primera vez que el apoliticismo ha pretendido ganar adeptos en la historia de la sociedad cubana y no solo entre los anarquistas. También al inicio de la República mediatizada hubo expresiones de conformismo por parte de algunos antiguos sectores anexionistas que tratarían de inculcar la nefasta idea de que la intervención norteamericana en la guerra independentista y la ocupación militar por parte de los Estados Unidos de América había sido una bendición que había que agradecer, por lo que no se debía manifestar ningún tipo de inconformidad política ante aquel hecho.
Afortunadamente, en los años 20 una nueva generación juvenil, intelectual y política expresada en la Protesta de los Trece, el Grupo Minorista, la creación de la Federación de Estudiantes Universitarios −liderada por Julio Antonio Mella−, la fundación del Partido Comunista de Cuba, y las luchas contra la dictadura de Gerardo Machado y la injerencia yanqui, así como un fortalecimiento de las luchas obreras, revitalizaron la conciencia política nacional cubana y el espíritu independentista que se pretendía apagar.
Del mismo modo la Generación del Centenario, inspirada nuevamente en el ejemplo de José Martí, reiniciaría la lucha por la dignidad del pueblo cubano frente a la sangrienta dictadura de Batista y obligó a los indecisos a definirse políticamente.
El triunfo de la Revolución cubana sería crucial en ese enfrentamiento al apoliticismo, especialmente cuando ante la agresión de Playa Girón se declara su carácter socialista y no podrá justificarse más ningún tipo de indiferencia ante las enormes transformaciones sociales emprendidas, como la nacionalización de las empresas extranjeras, la Reforma Urbana, la Reforma Agraria, la Campaña de Alfabetización, la Reforma Universitaria, la amplia socialización de la educación y la salud, el nacimiento de nuevas organizaciones como los Comités de Defensa de la Revolución, la Federación de Mujeres Cubanas y la gestación de un nuevo Partido Comunista de Cuba.
Cuando el pueblo cubano se vio amenazado por una nueva intervención militar norteamericana y el mundo estuvo muy próximo a que se desatara una guerra nuclear, a partir la crisis de los misiles soviéticos en este país, a nadie se le ocurría justificar una actitud apoliticista. El pueblo cubano demandaría a cada ciudadano definirse de cara a una situación en la que no había una tercera opción ante la consigna de Patria o Muerte.

¿Triunfará el apoliticismo?

Vivimos una nueva época en la que pareciera que tales confrontaciones son cosas del pasado y no faltan quienes inculcan la idea de que se deben olvidar. Por supuesto, quienes promueven tales consignas para borrar la memoria de las nuevas generaciones saben muy bien que el pueblo que no conoce su historia está obligado a repetirla.
Otros ilusos piensan que al ir desapareciendo por ley natural la generación que encendió la llama revolucionaria, esta debe apagarse. Tal vez olvidan la historia del pueblo cubano, por no decir la historia universal, que evidencia que las grandes transformaciones no han sido emprendidas por líderes solitarios. Estas solo se han hecho posibles si han sido asumidas por los sectores populares.
Cuando se conoció la noticia de que José Martí se encontraba en los campos de batalla, su amigo el escritor colombiano José María Vargas Vila publicó un artículo calificando ese hecho como una locura.
Al día siguiente, Enrique José Varona –a quien el Héroe Nacional tras su ausencia le confió la dirección el periódico Patria– le respondió con otro artículo en el que sostenía que Martí no estaba loco, porque sabía que había un pueblo entero esperando por él para la lucha independentista. Agregó que su actitud revolucionaria era tan alta como el Pico Turquino, pero los picos no nacen de sabanas, sino acompañados de otros tan altos como él: Máximo Gómez, Antonio Maceo, Calixto García, etc.
La clara concepción del protagónico papel del pueblo en las transformaciones sociales Martí la expresó al plantear:
“Nada es un hombre en sí, y lo que es, lo pone en él su pueblo. En vano concede la Naturaleza a algunos de sus hijos cualidades privilegiadas; porque serán polvo y azote si no se hacen carne de su pueblo, mientras que si van con él, y le sirven de brazo y de voz, por él se verán encumbrados, como las flores que lleva en su cima una montaña”.[1]
La mejor forma de enfrentar el apoliticismo es contribuir al estudio de la historia del pueblo cubano, sus luchas emancipadoras, el optimismo revolucionario que ha inspirado a sus líderes desde Céspedes hasta Fidel y Raúl, así como a todos los que le han acompañado y otros que aún le acompañan.
Cuando alguien pierde la confianza en la pujanza y la vehemencia de un pueblo como el cubano en la lucha por su dignidad, pasa a formar parte de lo que Martí denominó sietemesinos. Por suerte, la mayoría de los cubanos han nacido de parto natural.
[1] José Martí. Obras completas, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1976, t. XIII, p. 34.

Publicado por: David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com

El primer año sin Fidel



El primer año sin Fidel / Juan Manuel Karg



La noticia nos conmovía a todos los latinoamericanos, un año atrás. Aquella figura que muchas veces creímos inmortal se iba físicamente, a sus 90 años, satisfecho del deber cumplido y con una Cuba que ya no era “mala palabra” en el ámbito de las relaciones internacionales, tal como lo demuestra, año a año, la votación en relación al bloqueo en la Organización de Naciones Unidas. Los millones de cubanos que durante aquellas jornadas lo homenajearon dieron por tierra centenares de editoriales de los medios conservadores de la región y el mundo: el pueblo cubano lo valoró hasta el final de sus días, y aún hoy lamenta una partida tan trascendente para aquella isla siempre fustigada por el poder imperial -que, vale decirlo una vez más, no pudo derrotar a Fidel, aún estando a apenas 90 millas de allí-.



El primer legado importante de Fidel es la resignificación de la política como herramienta para transformar la realidad cotidiana en nuestros países. Décadas después del triunfo de los barbudos y frente al “no hay alternativa” del neoliberalismo imperante a escala global desde Reagan y Thatcher, Fidel dijo que sí, que se podía “cambiar todo aquello que deba ser cambiado”. Aquella fue una verdadera revolución, filosófica, cultural y política. Ese discurso del 1º de mayo de 2000, en la Plaza de la Revolución que 17 años después lo despediría, quedará marcado además por la revalorización que hizo del socialismo. Ahí anidaba el germen de lo que luego se intentaría postular como “Socialismo del Siglo XXI” o “Socialismo del Buen Vivir” en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador, que tomaron a Cuba como referencia válida en el intento de construir otro modelo societal.


Antes había pasado uno de los momentos más críticos de la Revolución: la caída de la URSS, el principal socio político y comercial de la isla. El propio Fidel había pronosticado, en un discurso en Camaguey durante 1989, que de acontecer la caída de los socialismos del este Cuba resistiría y sobreviviría. Tiempo después magnificaría lo acontecido, con urgencia de los tiempos que corrían pero también con la suficiente “distancia” para pensar el panorama en clave histórica:
Estamos en período especial, Un período difícil, de los más difíciles de nuestra historia. ¿Por qué? Porque nos hemos tenido que quedar solos frente al imperio. Solitos. ¿Y qué hacía falta para quedarse solos frente al imperio? Unidad, valor, patriotismo y espíritu revolucionario. Un pueblo débil, un pueblo blandengue, un pueblo cobarde, se rinde y vuelve a la esclavitud. Pero un pueblo digno, un pueblo valiente como nosotros, no se rinde y no vuelve jamás a la esclavitud.

Apenas Cuba retomó cierta calma económica, incluso a pesar de una intensificación creciente del bloque económico de parte de EEUU, Fidel volvió a mirar a América Latina. Porque lejos de cierto ombliguismo que caracteriza a un sector de la clase política, además fue un profundo latinoamericano, que supo interpretar desde su perspectiva marxista el nuevo ciclo político que se estaba abriendo a nivel continental. Por eso apoyó a Hugo Chávez -a quien recibió tempranamente, en 1994 en La Habana-, Lula da Silva, Néstor y Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa. Por eso participó activamente en la elaboración de la contracumbre que, en noviembre de 2005, le dijo “Alca, al carajo”, enterrando las pretensiones librecambistas de George W. Bush. Fidel acompañó a un conjunto de gobiernos nacional populares, progresistas y de la izquierda continental que transformaron las condiciones de vida de millones de latinoamericanos. Fundó el ALBA siendo presidente, y acompañó la creación de la histórica CELAC que tuvo a su hermano Raúl en la primer troika.



América Latina -y especialmente América del Sur- cambió fuertemente durante estos últimos años. El “cuco” ya no es Cuba, sino que tiene otro nombre: República Bolivariana de Venezuela, país asediado de forma diplomática, económica y financiera. A su vez, los gobiernos conservadores de Argentina y Brasil encabezan profundas reformas laborales y jubilatorias, y buscan implementar con rápidez un TLC entre el Mercosur y la Unión Europea, para lo cual expulsaron a la propia Venezuela, en una situación similar a la que sufrió Cuba en 1961 en la OEA. Ante este escenario, donde además la derecha maneja con comodidad diversos conglomerados mediáticos, se hace necesario recuperar la experiencia cubana durante el período especial. Porque los poderes fácticos suelen avanzar con mayor facilidad en aquellos lugares donde no encuentren resistencias, donde líderes políticos, sindicales y barriales permanecen distanciados de las mayorías populares que sufren los embates ortodoxos en su economía diaria. El ejemplo de la Europa actual es claro en ese sentido: la “salida” a la crisis económica que golpea al mundo desde 2008 puede ser con aún más shock, intensificando el círculo de la propia crisis.
Recuperar el legado de Fidel hoy, a un año de su siembra, es precisamente recuperar la capacidad de construir alternativas a lo establecido. Es creer, no de forma voluntarista, sino con un apego en la realidad social y las posibilidades que esta alberga, que se puede gobernar de cara a las mayorías, integrando y no excluyendo, tal como se ha demostrado en diversos países de la región durante la primera década del siglo en curso. Es entender, no de forma utópica, sino convencidos de la experiencia histórica, que debe -y tiene que- haber alternativa al modelo económico que hoy rige a escala mundial, donde 8 multimillonarios concentran iguales ingresos que 3.600 millones de personas, tal como ha manifestado Oxfam a inicios de este año.

Lejos de aflorar nostalgias estériles, y con los pies en la tierra -”es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños” dijo alguna vez Lenin- el primer aniversario del fallecimiento de Fidel debería servir para valorar (y retomar) su legado en las adversidades, aquellas que precisamente lo engrandecieron en vida y lo hacen trascender -largamente- su vitalidad biológica.

¿Cómo se concibió el sitio eterno de Fidel Castro?

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¿Cómo se concibió el sitio eterno de Fidel Castro? / Juventud Rebelde


Una roca extraída de un sitio próximo a la Gran Piedra, lugar del oriente del país que pertenece a la Sierra Maestra, tan raigalmente vinculada a la vida revolucionaria de Fidel, contiene la urna de cedro que guarda sus cenizas

Una roca extraída de un sitio próximo a la Gran Piedra, lugar del oriente del país que pertenece a la Sierra Maestra, tan raigalmente vinculada a la vida revolucionaria de Fidel, contiene la urna de cedro que guarda sus cenizas.
Con una compartimentación muy alta laboró durante diez años un reducido grupo de trabajo en el proyecto. El entonces Ministro de las FAR, General de Ejército Raúl Castro Ruz, le encomendó la tarea en 2006 al arquitecto Eduardo H. Lozada León, quien junto a su esposa, la también arquitecta Marcia Pérez Mirabal, concibió la concepción del recinto.
El Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque asesoró la labor y buscó soluciones como la del cercado perimetral, para lo cual propuso tener en cuenta la parte superior del monumento dedicado al Apóstol en Dos Ríos. Después de fallecer Almeida, el viceministro de las FAR, general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín, asumió la responsabilidad. Él guardaba en su memoria la existencia de la piedra y señaló el lugar donde se encontraba.
Durante tres años se trabajó en el perfeccionamiento de la roca granitoide, que posee un peso de entre 48 y 49 toneladas aproximadamente, y una altura cercana a los cuatro metros. Pulirla, perforar el espacio para la urna, revestir el interior y preparar la tarja de mármol verde y letras en bronce con el nombre de Fidel fue una delicada tarea.
De forma paralela, mientras integrantes de la Empresa de Construcciones Militares de Santiago de Cuba laboraban en el elemento principal, el Coronel (r) Mariano Lamber Matos, en función de inversionista, adelantó detalles como la creación de las columnas del cercado y el piso, construidos con mármol color crema de yacimientos existentes en Bayamo. Se hicieron 19 con este material, en representación de las columnas y el pelotón Las Marianas, del Ejército Rebelde. Las cadenas que atan estos elementos     denotan la unión de las acciones de las citadas fuerzas.
Las columnas están compuestas por tres elementos: la base, en alusión al grito de Libertad o Muerte de Carlos Manuel de Céspedes; el intermedio, que representa la labor de Martí para materializar la Guerra Necesaria; y toda la parte superior, que recuerda a la Revolución liderada por Fidel que continúa en ascenso. El símbolo que las corona glorifica la lucha victoriosa en las montañas. Lo rodean el laurel y el olivo de bronce con un apoyo y tres montañas.
A la entrada de la tumba de Fidel se levantan dos pedestales semejantes a otros que conforman el cercado del cementerio, en alusión a la acción cívica y el movimiento de la clandestinidad.
A ambos lados de la senda que conduce al monolito hay un pequeño espacio en el suelo, enchapado con pie- dras chinas pelonas, las cuales fueron recogidas de las desembocaduras de los ríos que corren por La Plata y el Uvero.
Cada detalle en este sitio  contiene un significado, incluso la vegetación: los helechos son propios de la Sierra y las posturas de café, ubicadas en las jardineras, contienen el uniforme verde olivo mientras su aroma recuerda el de las montañas.
Fuente: Revista Verde Olivo/febrero 2017.


Fidel Castro: El pueblo, la corrupción y cómo debe ser un dirigente



Fidel Castro: El pueblo, la corrupción y cómo debe ser un dirigente / Por Ángel González / PostCuba

Fidel le habló a todas las generaciones de cubanos que vivieron, viven y vivirán hasta el fin de la tierra, lo cual pudiera ocurrir en caso de que no se tome en serio el cambio climático, como él lo alertaba en cada oportunidad.
Sus discursos al inicio de la Revolución cubana fueron clases para aquellos hombres y mujeres que no tenían altos niveles educacionales y culturales. Los ayudó a comprender el momento histórico que vivían y les demostró que sus palabras de barbudo eran ciertas.
No había en su discurso ninguna frase que oliera a demagogia, esa que bien sabía detectar el pueblo debido a los muchos gobiernos corruptos que había pasado por Cuba antes de 1959.
En uno de esos discursos de los dos primeros años de la Cuba revolucionaria, Fidel dijo:
“nosotros no somos los ministros de Batista, nosotros no somos los líderes de la época de Batista: nosotros somos una misma cosa con el pueblo. El pueblo no debe decirnos “pedimos”; el pueblo lo que debe decirnos es: “Vamos a hacer”, “proponemos”, hagamos”, porque nosotros somos una misma cosa con el pueblo.  Es que muchas personas no se han dado cuenta del cambio, están viviendo con retraso y tienen en la mente las ideas de las épocas que han pasado”.
Cualquiera pudiera pensar que todavía vivimos con ese retraso al que se refería al Comandante, pues pareciera que hemos interpretado mal sus ideas y todavía esperamos que nos vengan las orientaciones “de arriba”.
Esas son barreras mentales trabajadas y potenciadas entre el pueblo por quienes intentan destruir la Revolución levantando muros entre el pueblo y los ministros, como parte de una guerra que nos han aplicado desde el 59.
Bien lo había explicado Fidel al inicio de la Revolución:
“Se quiere aislar a la Revolución Cubana.  Se ha lanzado contra ella una campaña de descrédito internacional.  ¿Y que han ideado?  Han ideado una campaña de descrédito para aislar la Revolución Cubana de la opinión pública internacional; están acusando al pueblo de Cuba de criminal.
“Los que le mandaron bombas a Batista, los que le mandaron tanques y cañones a Batista, los que no dijeron una sola palabra cuando amanecían racimos de cadáveres en todos los pueblos de Cuba, los que no levantaron una sola vez la voz durante siete años para combatir el crimen perpetuo en que vivió nuestra patria, ahora levantan sus voces para decir que la Revolución está ejecutando en masa; ahora levantan la voz para decir que yo estoy despoblando a Cuba (EXCLAMACIONES DE:  “¡No!”).  Los que no levantaron sus voces para denunciar los 20 000 asesinatos que se cometieron durante siete años, ahora protestan de que estemos fusilando a los asesinos”.
¡Son tantas las cosas que anunció Fidel y resultaron ser ciertas…! Muchos no le hicieron caso y hoy estamos pagando por eso.
La corrupción fue otro de los temas abordados por el Comandante alertando sobre los ministros que favorecían a sus familiares, amigos, vecinos…
Sobre eso, expresó: “Y en la sociedad todo hombre debe vivir de su trabajo, debe vivir con la frente en alto, sin tener que deberle ni agradecerle nada a nadie, para ser libre; porque así el día que va a votar vota por el que quiere y no por el que le hizo un favor- -porque actuaremos siempre rectamente hoy y mañana, porque siempre nos verán pobres, porque nunca nos verán una caja en el banco, porque nunca nos verán un negocio particular, porque nunca nos verán una especulación o una malversación, porque nunca nos verán favoreciendo a un amigo, favoreciendo un privilegio, favoreciendo a un familiar!  Porque nuestra conducta será recta hasta la saciedad en todos los órdenes, sencillamente porque estamos muy conscientes de los deberes que tenemos que cumplir, y que nos tocó sacrificarnos-.”
Desafortunadamente, en la actualidad hay personas que ocupan cargos y no cumplen con las cualidades que debe poseer un dirigente socialista. Son gente que está ahí aprovechando el vacío dejado por una persona con condiciones que no entendió lo que el pueblo y la Revolución necesitaban de él.

Publicado por: David Díaz Ríos CubaSigueLaMarcha.blogspot.com